nos priva de conocer el destino de los
30.000 desaparecidos, el de las casi 400 criaturas apropiadas y condena a los
familiares de tantas víctimas a continuar una penosa espera o a un duelo interminable.
Hacemos nuestras las palabras de Claudia Korol
Muerto sin lugar / Por Claudia Korol

Murió un canalla. Un asesino serial. Un genocida. Un
criminal. Un culpable de muertes, torturas, exilios, prisiones, violaciones de
mujeres, madres sin hijos, hijos e hijas sin padres y madres, niños y niñas
expropiados en su identidad. Un fascista de esos que se dicen argentinos.
¿Qué hacer con ese muerto? ¿Qué pedazo de tierra vamos a
contaminar con sus desechables restos? ¿Cuánto tiempo dedicaremos a escupir
sobre sus palabras dichas en nuestro mismo lenguaje? ¿Qué piquetes haremos en
nuestro infierno para que no pueda entrar?
Tendría que existir un no lugar para los tiranos. Una especie
de basurero de la historia en el que no haya riesgo de reciclaje. Un lugar
donde no tengamos que volver a encontrarlos jamás. Donde ellos definitivamente
no estén… entre nosotras y nosotros. Cuando ya por suerte no respiran e
infectan nuestro mismo aire, cuando ya no largan su pútrido aliento sobre el
oxígeno que nos mantiene vivas… habría que inventar un no espacio para ellos.
Pero sospecho que no. Que ese no lugar no existe. Sospecho
que seguirán ensuciando nuestras noches con pesadillas. Sospecho que todos lo
“no” que me salen en este texto, son voces escapadas de nuestro espanto.
El canalla murió en la cárcel. Algo es algo, me digo. Pero
se llevó pruebas y silencios a su tumba marmolada.
No voy a nombrarlo, me digo. No voy a contaminar mi texto.
No quiero compartir ya nuestro lenguaje con el suyo. Es que las palabras no
pueden significar lo mismo para ellos y para nosotras. No significan lo mismo,
digo.
Pero tal vez sí. Tal vez haya que decir que su apellido es
un insulto para la humanidad. Que los niños y niñas que hoy están naciendo,
debieran saber algún día, que de las entrañas de una argentinidad fascista que
nos espanta, nacieron tantos videlitas que dan asco y miedo… y que eso puede
volver a suceder, si no sabemos identificarlos. Que tal vez por eso una y otra
vez hay que marcarlos, señalarlos, escracharlos todos los días, si queremos
quitarles el poder sobre nuestras vidas.
El canalla murió en la cárcel, como corresponde. En una
cárcel común. Pero hay tanto fascista suelto. Y no hablo solamente de los
dinosaurios viejos. Hay tanto facho joven. Tanta desmemoria en territorios
heridos de nuestra historia cotidiana.
Me cuesta pensar que murió esa pesadilla. Porque la muerte
finalmente es parte de la vida. Y la vida es nuestra. El canalla se creyó dios,
amo de la vida y de la muerte… pero no. Ni dios ni el papa lo salvaron del
final tan ineludible. Murió en la cárcel me digo.
Y no habrá manera de quitarle las rejas de su cuerpo. Porque
ni muerto será perdonado. Y porque, aunque ensucie todo lo que toca, tampoco
será olvidado. Ni muerto.
Mientras el canalla se pudre en nuestra lastimada memoria…
ahí seguimos. En un caminar colectivo, tumultuoso, caótico, fértil. Vamos
encendiendo resistencias. 30000 veces 30000. Multiplicando rebeldías.
Desmalezando de fachos nuestros territorios. Sacándolos de todos los rincones.
Porque “a donde vayan los iremos a buscar”.
Claudia Korol. Fue
militante estudiantil secundaria. Integró la dirección de la Federación
Universitaria de Buenos Aires, y de la Federación Universitaria Argentina.
Participó en las brigadas juveniles de solidaridad con Nicaragua, que
estuvieron en la cosecha del café. Participó en las brigadas juveniles de
solidaridad con Chile durante la dictadura de Pinochet.
Autora de los libros Rebelión, reportaje a la juventud
chilena; El Che y los argentinos; Feminismo y Marxismo, diálogo con Fanny
Edelman; Chile, entrevista a Gladys Marín. Como educadora popular, participa en
proyectos de formación política con movimientos campesinos, piqueteros, y
organizaciones de mujeres. Coordinó el equipo de educación popular de la
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM). Participó junto a Néstor
Kohan de la coordinación de la Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara
de la UPMPM.
Es corresponsal de ADITAL (Brasil), Punto Final
(Chile), Jornal Brasil de Fato (Brasil), Radio Rebelde (Cuba), el periódico de
las Madres de Plaza de Mayo (Argentina) y Enfoques Alternativos (Argentina). Es
secretaria de redacción de la revista América Libre. Actualmente forma parte
del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía.
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